Martorell, 17/06/2016. - “Como Charlie en la fábrica de SEAT”. Así es cómo la madre de Jasper asegura que este niño de 7 años del Reino Unido se siente al ver cumplido el sueño de visitar la central de SEAT en Martorell y poder conocer de primera mano cómo se diseñan y fabrican los coches de la marca que tanto le apasiona.

Desde que tomó conciencia de que su coche familiar era un SEAT, a Jasper se le abrió un mundo que le ha llevado a empaparse de los catálogos de cada uno de los modelos y así, a pesar de su temprana edad, conocer con sumo detalle las características, prestaciones y la tecnología de los modelos de la marca. Ante esta fascinación, su madre, Karen Cowan, decidió ponerse en contacto con SEAT para pedir visitar un showroom de la compañía cercano a su casa en el Reino Unido.



Su sorpresa fue cuando recibió una llamada de SEAT para invitarles a conocer la central de la compañía en Martorell (Barcelona). “No nos lo podíamos creer”, confiesa Karen, todavía emocionada. Y es así cómo la familia Cowan emprende un viaje a Barcelona y la fábrica de Martorell se convierte en una gran caja de sorpresas para Jasper.

Un equipo de diseñadores aguarda en la puerta del Centro de Diseño la llegada del pequeño y su familia. Impaciente, el niño se dirige corriendo a ellos. “¿Sois vosotros quiénes habéis creado modelos como el Alhambra o el León?”. Ya dentro, Tony Gallardo, uno de los diseñadores, le explica el proceso que se sigue para crear un coche. El niño se detiene ante un vehículo realizado con arcilla: “¿Por qué está hecho con este material?”, pregunta sorprendido mientras lo palpa con la mano. “De este modo sabemos las dimensiones reales y podemos modificar algún aspecto si fuera necesario”, contesta Tony.

Al otro lado del Centro Técnico, en el taller de Chapistería, Jasper mira con asombro los más de 2.000 robots responsables de ensamblar las piezas de los coches. “Mira este robot cómo gira, Jasper!”, exclama Karen. “¡Uau, esto es increíble!”, contesta el niño que mira con la boca abierta toda la tecnología que tiene alrededor. “Me he quedado sorprendido al ver el nivel de las preguntas que nos hacía”, confiesa Javier Rivera, responsable del taller de Chapistería.

“Esto me hace creer que puede haber un mundo mejor, más amigable y comprensivo con las personas con necesidades, tanto visibles como invisibles”, confiesa emocionada Karen. Como recién salido de un parque de atracciones o, como dice su madre, de la célebre fábrica de chocolate popularizada por la película de Tim Burton, el pequeño no duda en afirmar: “Hoy ha sido el mejor día de mi vida”.