Ya han pasado 60 años desde que SEAT puso ruedas a nuestra sociedad sedienta de mar, montaña y grandes viajes, que requerían de largos y pesados viajes en tren o en autobús -además de obligados trasbordos con largas esperas-, para visitar una gran ciudad o alguna región de nuestro país, de las que sólo se sabía por el noticiario. El SEAT 600, que salió al mercado en junio de 1957, supuso para muchos españoles, lo que el alunizaje para la Humanidad: una ruptura de los límites físicos en aras de progreso y futuro, hasta ahora sólo para unos pocos, con el que las familias abrieron nuevos caminos para sus ojos y empezaron a disfrutar de la libertad de salir de las fronteras conocidas.

60 años después, la marca española tiene entre su oferta de modelos el que podría concebirse homólogo al mítico 600: el SEAT Mii, un coche perfecto para la movilidad urbana, que sorprende en carretera por el confort de rodadura y la estabilidad que proporciona -pese a sus reducidas dimensiones-. Ha sido diseñado para las necesidades actuales y repleto de sofisticación tecnológica, con el que disfrutar sin preocupaciones del destino y del viaje, a diferencia de la heroica proeza que suponía un trayecto familiar en un 600.

Hoy día, la mayor parte de los desplazamientos son urbanos. En estos escenarios, con el 600 no existían los problemas para aparcar en una sociedad donde no abundaban los coches. En la actualidad, la movilidad urbana es un gran reto que el Mii supera sin problemas, pudiendo encajar el coche en prácticamente cualquier hueco libre, moviéndose con agilidad en las calles más estrechas y descubriendo la impensable fluidez que se esconde entre el tráfico de las grandes ciudades. Por si fuera poco, el SEAT Mii ofrece entre su gama de motores la opción Ecofuel, tecnología híbrida de la marca española, que combina gasolina y Gas Natural Comprimido (GNC), con el que realizar más kilómetros con un reducido coste de combustible y un reducido impacto al medio ambiente. El Mii Ecofuel dispone de la etiqueta ECO de la Dirección General de Tráfico, con la que el cliente puede circular por las principales ciudades sin restricciones al tráfico, cuando se activan por episodios de alta contaminación, además de diferentes ventajas para la adquisición, el pago de impuestos y el estacionamiento regulado en Madrid.

Sin embargo, a la hora de emprender un viaje de larga distancia, se pone en evidencia el gran salto evolutivo que existe entre ambos modelos, además de las diferencias en la manera de entender la emoción de conducirlos. Con el Mii basta decidir destino, reservar alojamiento a través de nuestro ‘Smartphone’, preparar el equipaje y disfrutar del trayecto, utilizando todas las facilidades de conectividad que nos ofrece el sistema DriveMii, como reproducir la lista de canciones favoritas, para disfrute de hasta cuatro pasajeros que pueden viajar con total comodidad y seguridad, haciendo uso de su sorprendente maletero de 251 litros, ampliable a 951 litros con los asientos traseros abatidos.

Viajar con un 600 en los años '60 implicaba otro tipo de emociones.

Por contraposición, viajar con un 600 en los años ‘60 implicaba otro tipo de emociones. Se requería una preparación previa para tener siempre a mano la herramienta que pudiéramos necesitar -principalmente una correa del ventilador y una botella de agua para el radiador-, encajar bien todo el equipaje en los huecos disponibles -el maletero frontal, la baca del techo y el espacio disponible detrás de los asientos traseros- y escoger la mejor ruta, así como las personas de la familia que viajarían en coche o en transporte público. Encontrar tráfico en la subida de un puerto de montaña era toda una aventura. Si ya subir el puerto con el SEAT 600, cargado al máximo de peso que permitía, resultaba una hazaña épica, más difícil resultaba conseguir que el motor no se sobrecalentase cuando un camión obligaba a circular más despacio, además de la obligada parada a medio puerto para enfriarlo. Adelantar no era entonces tan sencillo como ahora y había que vigilar constantemente la aguja del agua y no la del velocímetro, como acostumbramos ahora. Si definitivamente el 600 sufría un calentón, se tenía que parar de forma inmediata en las estrechas carreteras y echar agua al radiador del motor, de la botella preparada junto al equipaje.

En las rectas más largas, el 600, el conquistador del asfalto, alcanzaba los 95 km/h de velocidad punta, siempre acompañado de la frase “no corras, que vas como un loco”, situación muy diferente a la que se sucede en el Mii, donde la tensión se echa a un lado y los viajes en compañía se hacen más cortos de lo esperado.